viernes, 1 de octubre de 2010

GRACIAS TRENES Y SUBTES POR LOS BUENOS AIRES


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No quiero que quede en la nada.
Seguramente esto parecerá una vana queja más.
No importa. Yo sé que no lo es. Lo que me indignó esa mañana lo quiero decir.
Ver a un abundante grupo de empleados de TBA (Trenes de Buenos Aires) en los grandes pasillos de entrada a la estación Villa Urquiza del ramal Mitre, haciendo un escándalo de tierra y mugre con esas “expiradoras” gigantes, apestando a todos. Los que venían a la estación, los que salían, los que estaban en los andenes, los muchos gatos, perros y pájaros que viven en ese lugar.
Porque la zona es zona de obra, como sabrán muchos. Hace años están “terminando” de construir la estación de subte de la línea B. Años de obra en los que ni a la empresa constructora de subtes ni a la de los trenes de Buenos Aires se les ocurrió mejorar los caminos de entrada, mínimos y llenos de pozos. Rodeados por tierra que se convierte en barro y lagos con la más leve lluvia, haciendo demasiado complicado entrar a la estación.
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En esos días conviene usar otros medios, o meterse en los zanjones. Otra opción es hacer equilibrio en el único cordón de material visible, que está pegado a la reja del andén…
Años de obra. Cero interés en el entorno. Y es su entorno inmediato, es SU vereda, es por donde entran y salen algunos de sus empleados, sus obreros, sus camiones. Dónde están gran parte de su día. Donde circulan cientos de personas.
Eran las diez de la mañana del 22 de septiembre. Se suponía un trabajo de limpieza. Y se supone que ese tipo de limpieza se hace en otros horarios, como lavar las veredas de la ciudad. Horarios en los que no entorpecen el paso de los seres que están por ahí.
Una nube de tierra, mugre, vidrios, latas y basura de todo tipo que se acumula en los costados de los andenes.
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Me gustaría saber quién fue el cerebro de tan miserable operación. Creo que desconoce cualquier regla natural de respeto por el medio ambiente como así también que la gran mayoría de la población tiene algún tipo de problema respiratorio.
Ni hablar de la gente vestida para ir a sus trabajos.
Agradecí que el tren llegó bastante rápido en mi caso, y pude escapar del avance de esos ignorantes. Seguramente no fue lo mismo para la gran cantidad de gente que esperaba en el andén.
El asunto es que sufrí, gran parte del día, una vez más, la angustia de pertenecer a la raza humana. De ser parte de esta enfermedad mortal que es el “yo primero”.
Estos extraterrestres, porque estaban con monos amarillos, casco y barbijo, coronaron mi malestar cuando vi que se divertían espantando a los gatos con ese cañón de aire y ruido.
Gatos, que un par de mujeres, diariamente, se ocupan de alimentar, llevar al veterinario, castrar, hospedar a los enfermos, buscarles hogares.
Por supuesto a la mañana siguiente observé los resultados. Si el objetivo era mover la basura de lugar, lo lograron. Seguían ahí las miles de botellas rotas, cartones de vino vacíos, papeles de todo tipo, plásticos, latas, y todos los desechos imaginables que muy pocos los ponen donde van. Claro que en todo ese circuito no hay mucho tacho de basura que digamos. Pero seguramente sería lo mismo. Una miseria queriendo tapar la otra.
Me sonó tan triste el episodio, tan típico de la idea general de querer mandar la basura bajo la alfombra…
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Hoy, más repuesta, decidí escribirlo. Tal vez para muchos sea algo común, una boludez. Creo definitivamente que estamos hechos de cosas comunes, que nuestra voluntad puede mutarlas en algo significativo…
- En este país está todo al revés -, me dijo una señora cuando subíamos al tren. No soy de la idea de echarle la culpa al país. Creo que el está yendo al revés el ser humano.
Y me hago cargo de ser parte de todo eso.
Creo que no da para más detalles.
palomas urquiza palmeras urquiza
Cla9
25/9/10

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