viernes, 15 de octubre de 2010

HAY MUNDOS QUE RESPLANDECEN

máscara 1

Nadie sabe de la vida.
Nadie.
Un conjunto de sospechas se transforman en dogmas con la facilidad de una recaída.
El hambre omnipresente cierra un círculo con destino de espiral. Y miles de cuerpos reptan por paneles endulzados, con penosa voracidad.

Certezas inciertas revolotean las auras transmitiendo mensajes de mal gusto, inadecuados.

Aunque algunos, pocos, degustan el desafío de meterse en lo aborrecido para curtir el alma, para forjar anticuerpos desde el mismísimo núcleo del virus, no necesariamente denota verdadera voluntad. Generalmente delata la incapacidad inherente.
Ella buscaba la salida del entuerto desesperadamente. Bien atenta a los baches, a las señales y curvas, se encontraba en medio de diálogos inexpertos y sonreía. Sonreía. Aunque sus vísceras brotadas bullían de incomodidad.
Nadie sabe nada.
Está escrito en las pupilas con sangre negra, disecada.
Tampoco se sabe bien cuándo fue que se perdió el rastro.
Ni siquiera en qué momento esa gama desconocida se hizo habitual.
Todo cambió de color. Los brillos se opacaron, los bosques desaparecieron dejando sombras que aún destellan a gritos.
Ella no sabía siquiera con quien negociar. Ya nadie mostraba la cara. Y las máscaras eran cada vez más parecidas a eso que nadie nunca hubiera querido ser.
Buscando protección en una mirada amable o en unas manos fuertes, rebotaba de karma en karma, lo cual sistemática y descaradamente le quitaba toda su frágil vitalidad.
Nadie sabe de este juego siniestro.
La voz se va perdiendo por desuso y ver los dibujos que la lava va formando en las planicies resulta ser la comedia de los sábados.
Ella se sabía vigilada por una mezcla rara de egoísmo - misión - avaricia de algunos, que parecían no estar. Pero en definitiva no estaban. Estaba sola.
Por las madrugadas, sueños inestables la acosaban, implantando más inquietud al desconcierto de su alma.
Tanta mediocridad barroca, tanta cosa… terminará disolviéndose, convirtiéndose en nada, dijeron algunos.
Y así fue. Ella no tuvo ganas volver a su vacío lleno de preguntas.
Prefirió seguir esos reflejos que latían en su nuca, prometiéndole músicas eternas.
Y así se fue; sin ganas de mirar atrás. Sólo veía el viento que movía las hojas multicolores. Sólo veía un hueco celeste en el plomizo cielo que la cubría.
Hay mundos aparentemente inestables haciéndose añicos. Otros, resplandecen en la eternidad.

máscara 3

Cla9
23/9/10
MARMOTA

2 comentarios:

  1. al no tener facilidad de poner en palabras lo que siento, se complica, pero podria decir que esta historia me dejo algo asi como perpleja.
    gracias.

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  2. gracias a vos maría por leer y comentar. un placer tu visita!!!!

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